Se que va finalizando la semana y no os he surtido con vuestra ración semanal de mis gemas electrónicas, fieles lectores. No, no crean que me he olvidado de ello, pero tengo la cabeza sumida en un tumultuoso y explosivo volcán de sentimientos y contradicciones, fruto de lo gilipollas que he sido por no haber sido quien realmente soy (léanlo de nuevo, son palabras medidas y elegidas a conciencia).

Siempre me he considerado un Caballero, pero en este mundo innoble en el que nos ha tocado vivir, las reglas de la caballería o caballerosidad (principios, solidaridad, y amor) están en franco retroceso victimas de la CAAAÑAAA que nos están atizando en todos los aspectos de la vida.

¿Que ha sido de los principios?:

Creo que fue a Aristóteles, aquel que dijo eso de "Nada puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido.", en su principio de no contradicción, ¿no?
Si algo saco en claro de la chorrada de expresión que tan preclara humana llegó concebir (y encima osó expresarlo por escrito, lo que a la postre acabó consagrándolo para la posteridad), es que por mucho tiempo que haya pasado desde los tiempos del susodicho, el hombre ha sido y es incapaz de comprenderse y al mismo tiempo de aplicarse sus propias enseñanzas. Siempre me he preguntado como es posible que los sanos principios, que nos orientan con normas de conducta para propiciar nuestro propio desarrollo y felicidad, han podido conducirnos hasta el actual estado de las cosas, una jungla de depredadores que explotan la debilidad del contrarío para beneficiarse al prójimo en beneficio propio (¿no digan que no ha quedado bien el juego de “beneficiosas” palabras, ehinnn?)

¿Qué ha sido de la solidaridad?:

Sirve para muchas cosas, quedar bien en la tele con palabras grandilocuentes, simular que nos dan pena los males ajenos, parecer que nos importa algo la salud de los vecinos, regalar a los demás aquello que para nosotros es un estorbo, parecer que formamos parte de un grupo de intereses comunes, etc., ah, sin  olvidar por supuesto a aquellos que honestamente siempre dejan para mañana eso de empezar a serlo. Pregunto: ¿Hay alguno entre ustedes que en verdad tenga el valor de caballero de llevar a la práctica sus propios principios, que se preocupe de realmente por sus vecinos, que regale con el corazón, que comulgue sin fisuras con el credo de su grupo, y, por último, que al día siguiente realice ese sustancioso donativo o mejor aún ingrese en una ONG? Si alguno de ustedes es así no dudaré en darle mi más sincera enhorabuena, y ofrecerle mi amistad.

¿Qué ha sido del amor?:

Recuerdo una época en la que a un Caballero se le retorcía el alma de dolor por una dama al saber cuan bajo podía llegar a caer El hombre (y no hago distinción de sexos, ambos por igual) por conseguir placer carnal (iba a decir meterla, pero no quedaba bien), y no me refiero de la justa cacería que nocturna en la que mutuamente hombres y mujeres se enzarzan en noches como la de hoy mismo viernes. Ahora la muchos de esos Hombres (de nuevo me refiero a ambos sexos) pertenecen a aquellos carentes de eso que mencionaba al principio, principios (y no me digan de nuevo que no ha quedado bien el juego palabras, ¿eh?).
¿Qué pensarían, por ejemplo, de alguien quien en pro de ese noble sentimiento que llaman amor aprovecha de la debilidad de una Dama (con D mayúscula) para someterla? Imanginense que tras lograrlo además intentase argumentar en su defensa el haberla rechazado porque ella funcionaba demasiado con el corazón. ¿No sería razonable, conociendo la calaña de tales personajes, batirse en feroz duelo (iba a decir partirle los piños, pero tampoco quedaba bien), por el honor mancillado de dicha Dama, y hasta, en caso de intuir sus intenciones, al menos prevenirla ó incluso, lomos de un blanco corcel, correr a rescatarla?. Es duro, duele tanto como ser ensartado por un estoque el descubir que es cosa de dos, y que tan culpables son el uno como el otro, el crápula por buscar su perverso fin, y la "fragil" Dama... ¿Ah, pero existen de verdad las frágiles damas?

Y ya puestos a preguntar, por que no concluir preguntando: ¿Qué ha sido de mí?

Es la pregunta más fácil de responder, pero a su vez la más compleja y dolorosa. La respuesta está en este mismo blog. Lean mis anteriores artículos, es posible que lleguen a captar parte de la respuesta. En realidad no importa cual sea, pues pregunta por el pasado. Creo que les resultará más interesante saber que va a ser de mi, ¿no creen? (si alguno de ustedes quiere saber la respuesta, lean las palabras que a buen seguro bortarán próximamente de mi teclado o pregúntenme si me ven)

Un saludo, Damas y Caballeros!!!

P.d.: Puedo parecer pesimista, si, pero en el fondo (y en la superficie también, joer) soy un idealista y siempre creeré firmemente en la utopía de los principios, en la fuerza de la solidaridad y en la belleza del amor.
Undecided